Baudelaire está considerado como uno de los más grandes poetas del siglo XIX, por la originalidad de su concepción y la perfección de la forma. Más que ningún otro de su tiempo, es el poeta de la modernidad, el poeta de la civilización urbana contemporánea.
Con él la poesía empieza a liberarse de las ataduras tradicionales y despliega nuevos conceptos de creación poética, iniciando una fase diferente, que llega hasta nuestros días.
La literatura francesa se hallaba en el segundo cuarto del siglo XIX, en un momento de transición todavía presidida por Víctor Hugo, aunque junto a él se desarrollaba una nueva tendencia, cuyo máximo representante era el poeta Leconte de Lisle, el guía del circulo parnasiano, cuya influencia sobre Baudelaire fue notable. La antología El Parnaso, publicada por el editor Lemerre en 1866, que da el nombre al grupo de poetas de Leconte de Lisle, contiene algunos de los poemas de Las Flores del mal.
La originalidad de Baudelaire, sin embargo, le hace merecedor de un lugar al margen de las escuelas literarias de su época, ya que es él quien inicia el abandono de las formas poéticas hasta entonces predominantes. Las tendencias que inauguró Baudelaire pueden resumirse en el criterio de la depuración del sentido poético, en el misterio de los conflictos íntimos o en la angustia de la búsqueda de combinaciones de fenómenos sicológicos que desembocan en una expresión poética cargada de significaciones múltiples y llena de infinitas sugerencias. En particular, rompe la diferencia entre la poesía y la prosa con sus Pequeños poemas en prosa, verdadera revolución en las formas líricas, que ni siquiera Verlaine o Rimbaud supieron valorar.
Baudelaire reacciona contra el romanticismo. Él no admite la inspiración, ni la imaginación, ni la improvisación. En este aspecto, como en otros, es un clasicista. La poesía es un ejercicio, un esfuerzo, un trabajo sistemático, equivalente al de un paciente artesano volcado permanentemente en pulir sus versos. Poseía un sentido clásico de la forma, una extraordinaria habilidad para encontrar la palabra perfecta y un gran talento musical. El poeta parisino reivindica una nueva concepción de la palabra, de la técnica depurada en la elaboración de las imágenes y el rigor estético en la composición. Si para el lenguaje común la palabra sigue siendo expresión de la cosa o de la idea, en el poeta ese valor de significación se transforma en un valor sugerencial, gracias al juego de combinaciones que el arte hace posible con sonidos y sensaciones inesperadas que brotan de las palabras. Todo ello pudo ser vislumbrado por los grandes exponentes de la poesía anterior, pero sólo empieza a adquirir una sugestiva formulación y un culto intensivo a partir de Baudelaire. Por ello podría afirmarse que hemos llegado a la apertura de una nueva compuerta de realizaciones artísticas que significarán a la larga la transformación de la poesía.
Su obra es un esfuerzo por desembarazar la poesía de todo ornamento vano, por alcanzar la pureza, prestando especial atención a la métrica y a los aspectos formales. Su obra refleja un ejercicio de selección estética, de culto de la expresión simbólica, y de rigurosa elaboración de la palabra en cuanto vehículo depurado de la expresión literaria, de superación de la elocuencia y la retórica. Con él se extingue una cierta poesía desprestigiada por el romanticismo, advertible en el desborde sentimental, una poesía descriptiva y penetrada de la elocuencia bastarda, ausente de rigor formal.
Sus poemas palpitan de tragedia íntima y de nuevos acercamientos a la vida. Baudelaire pule un nuevo universo lírico presidido por la sinestesia, por una combinación de imágenes y sensaciones desajustadas de su normal producción en la naturaleza. La audición coloreada, la visualidad audible o multitud de otras combinaciones de sensaciones provenientes de todos los sentidos, se reunían, como diría el propio Baudelaire, en una metamorfosis mística de todos mis sentidos fundidos en uno solo.
Su gusto por la sinestesia también proviene del misticismo, el ocultismo y el sincretismo. Las sensaciones nos revelan lo oculto. La unidad de la naturaleza se demuestra en que a cada olor le corresponde un sonido y un color. El soneto Correspondencias contiene toda la teoría sinestésica que, aunque inconscientemente practicada por los grandes exponentes de la poesía universal, van a desarrollar los parnasianos y simbolistas de la segunda mitad del XIX.
En su estética literaria Baudelaire proponía la desaparición del yo en el poema, es decir, la sustitución de la presencia personal del autor por la pura lógica interna de la obra regida según su ley compositiva. A partir de Baudelaire ya no se hablará más del poeta sino de la poesía misma. Es una estética dominada por el esencialismo, la concepción de un arte literario depurado de circunstancias extrañas a la función creadora. A ello se sumaron sus creaciones de técnica y la rigidez gramatical.
No cabe duda de que Baudelaire escribió algunos de los poemas más sugestivos de la literatura francesa. El famoso soneto de Las vocales de Arthur Rimbaud y las formulaciones estéticas de Mallarmé tomaron su raíz en la teoría de la imagen poética esbozada por Baudelaire.